Me tiro, no me tiro, me tiro, no me tiro…
¿Valdrá la pena jugarme el todo por el todo?
Me tiro…
- Mira abajo y los 95 pisos ya le empiezan a hacer un nudo en la garganta. Pero está decidida. Alza la vista al cielo, cierra los ojos y se lanza.
“Sé que cuando estés leyendo esto, es porque te enteraste de lo que temías sucediera un día. Esto lo hago por mí, para ti. Sé que en otro mundo todo será distinto, seremos felices, sin secuelas. Lo único que te pido es que entierres mi cuerpo bajo tierra.
Te amo.”
- El lo hizo, aunque en esta vida nunca entendió el por que.
Empezó mi viaje cuando sentí el olor a humedad de la tierra con la que me cubrías, ese olor me hizo recordar mi infancia, me hizo volver a vivir el pasado.
Exactamente no sabía donde había empezado todo. Si en las drogas, el alcohol, los excesos, los abusos, los acosos o el sexo a cambio de favores ¿No aceptar antes tu ayuda? ¿Tenía que volver al momento en que lo conocí? ¿Al que lo dejé? O ¿Al momento en que lo busqué?
Elegí la primera, porque la hierba se corta de raíz.
Ese día llovía… demasiado para mi atuendo veraniego, aunque no era la única. Crucé la calle y al tratar de entrar a la biblioteca para escapar del aguacero, lo encontré.
Recordé como fue tu cara antes del accidente, como me miraron tus ojos (si hubieses estado ahí) era inevitable. No podía dejarte, no sé como pude creer que volver al pasado podría remediar el daño que te hice.
“Juro que nunca pretendí herirte, solo quería amarte y cuidarte, por favor, déjame empezar de nuevo. Estoy segura de que podemos vivir de nuevo juntos, sin problemas. Nadie podrá encontrarnos, no mas extorsiones. Te prometo que trabajaré y le pagaré todo lo que le debo, después nos vamos de aquí y comenzamos como siempre debió haber sido.”
Me miraste como a una loca, y te fuiste. Descubrí que lo hice todo mal, que nunca supiste de que hablaba, ni menos por que lo hacía.
Decidí intentarlo de nuevo. Un encuentro casual en la biblioteca y una tarjeta de disculpas. Espero no haberte perdido sin ganarte.
- Abrió el libro el libro que tanto le gustaba leer en aquella biblioteca. El siempre lo marcaba con una cinta negra para recordar cual fue la página que dejó. Minutos antes que el llegara, fui a buscar el libro, y dejé una tarjeta amarrada a la cinta.
Cuando él llegó se dirigió al libro –yo lo observaba desde lejos, siendo mas precisa en el estante tras el libro. Lo sacó, vió que la cinta negra estaba en su lugar, caminó hasta la mesa, se sentó y abrió el libro.
Antes de abrir la nota miró a todos lados –supuse que no se había percatado de mi persecución- y la leyó.
“No fue mi intención haberte asustado así. Sé que debí presentarme. Debes creer que soy una loca, pero no es así, solo enredé algunas cosas, pero no es tu culpa. Espero no haberte causado un mal gusto.”
Esperé a ver su reacción –fue bastante lenta- solo atinó a sonreír, no estaba segura si lo haría o no, pero lo hizo. De pronto sentí como si supiera donde estaba, me miró –eso creo- y comenzó a caminar con el libro cerrado. Quizás le provoqué tal incomodidad que desistió leer. Se acercó a la estantería…
Sentí mi corazón avanzar hasta mi boca, sentí que moría de a poco, tan lento que preferí estar nuevamente a los pies del edificio aquél.
Sentía su respiración como algo místico, extraterreno, vitalizante, llegué a pensar que sentía los latidos de su corazón, pero cuando lo ví frente a mis ojos, reparé en que los ruidos que oí, pertenecían a los libros que sacó para verme. Me sonrojé hasta la punta de los pies, la sangre me hervía y me quemaba las entrañas. Estaba paralizada, como la adolescente que fui años atrás.
- Me miró tiernamente, me dijo su nombre, pero no lo escuché ¿Para qué? Si me lo sabía hasta el cansancio.
No reaccioné de inmediato cuando preguntó el mío, pero entre los nervios se lo dije. Decidido, me invitó un café en la terraza de la biblioteca, preguntó a cerca de mi vida –creo que nunca fui tan sincera con alguien, ni siquiera con él la primera vez que lo conocí. No sé si lo conté con demasiada crudeza o no le di mucha importancia a la gravedad de mi historia.
Mientras se la relataba, ya había tomado más de cuatro café. Pero a pesar de sus grandes ojos de impresión, siguió oyendo, creo que a partir de ese día, con ese relato, emanó una catarsis que me sirvió de mucho.
Luego siguió él. Su historia ya la conocía, pero no tan a fondo como el la contó. Debido a mi sinceridad, el también se atrevió a ahondar mas en su vida y desnudarla ante mi.
Me pareció bastante fascinante lo que hizo con nosotros el día aquél. Quizás hiciera lo que fuera, estaba destinada a reencontrarme con él, y a que aceptara mi pasado y nuestro futuro.
Ahora el sabía a que atenerse al estar conmigo, sabía a que la mayoría de los días serían preocupación y que los pocos días relajados serían los mas tensos.
Como se lo prometí, trabajé. No ganaba mucho, pero todas las semanas mandaba un sobre, solo con mi nombre, al bastardo que le debía el dinero. Así pasaron los meses y saldé mi deuda. Renuncié a ese trabajo y conseguí otro mejor en la biblioteca.
Me pregunto dónde estarás ¿Cómo es que ahora puedo ser tan feliz? … y tu estas solo. Es tan injusto lo que te hice. Pero se que eres mas fuerte que yo y rehiciste una mejor vida, en comparación al desastre que llevabas conmigo. Ahora sólo faltan 15 días para saber si mi esfuerzo fue útil.
“He pensado en arrancar de aquí, se que nos encontrarán. Estoy segura que siempre supieron donde me hallaba. Pero mientras les pagaba, callaban. Creo que para estar mas segura debo seguir pagándoles… ¿Qué opinas? ¿Loca? Pero ¿Por qué? Te digo que yo sé como son, es obvio que mientras mas les envíe dinero estaré comprando nuestra seguridad.”
Mientras estoy contigo, aún sigo pensando en ti, él de mi primera vida. Logro escucharte, verte, tocarte, pero aún te siento igual. Juro por la vida, que te amo, pero lo que estoy viviendo es demasiado escalofriante. Sigo pensado que la moral es lo que nos destruye, si no fuera por ella, te habría contado lo que hice, tal como lo relaté ahora. Pero sé que no me creerías. No quiero que me dejes, y al parecer tú siempre estás destinado a ser dejado por mí.
1Ayúdame! ¿Por qué no puedo estar segura si estoy feliz? ¡¿Qué mierda tenemos que hacer para estar juntos?! ¡Dime algo! ¡Contesta!
Pero ¿A dónde nos iremos? Como si no lo hubiera pensado antes. Nos van a seguir hasta la China si es necesario. No entiendes que siempre están ahí Me persiguen… Creo que lo mejor es que tú te quedes y yo me largue. Adiós.
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<< ¡¡La paciente de la habitación 51 está en shock otra vez!! ¡¡Llamen al doctor!! >>
Doctor: Paz. Escúchame, nadie te persigue.
Paz: Andrés, déjame. No te das cuenta que lo hago por ti. Yo me tengo que ir, me quieren a mí, no a ti.
Doctor: ¡Paz! Deja de confundirme. Soy tu doctor. Mira a tu alrededor ¿Es qué acaso estas cuatro paredes no son capaces de detenerte? Soñar no te hará salvar a Andrés, el murió y punto. Nadie sale vivo de un accidente como ese. Mírate mujer, aún eres joven y bonita, no tendrías por que estar encerrada aquí. No te gustaría volver a pasear allá afuera. Salir por las noches, mirar la luna, soñar con ella, nadar en el mar, trabajar nuevamente en la biblioteca.
Paz: ¡Tierra! Quiero tierra Doctor. Dame tierra y no vuelvo a gritar más. Dame tierra y soy feliz.
Doctor: ¿Pero que tiene la tierra?
Paz: ¡Lo tiene a él! ¡La tierra se lo tragó!
Doctor: Mi niña, te prometo que si te portas bien, y tratas de ser como antes, no sólo tendrás tierra. Te llevaré hasta la tierra que lo tiene.
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Me costó bastante entenderlo, pero es verdad. Ningún hombre atado de pies y manos, sobrevive aun incendio en su cama. Afortunadamente los culpables también murieron. Andrés no logró salvar su vida, pero si la mía.
Después de unos meses. Esteban, mi Doctor, cumplió su promesa, me llevó al cementerio. A la tumba de Andrés. Posterior a eso y gracias a Esteban, logré comprender y aceptar muchas cosas, entre otras, que yo podía volver a ser feliz. Recordé que se sentía pintar por las tardes, salir por las noches, trabajar en las mañanas. Descubrí como es amar sin miedos. Y aún sigo disfrutando lo que he construido con Esteban y nuestros hijos.